STATEMENT

Nací en la Ciudad de México en 1960. A los 23 años, comencé mi exploración de la cerámica como estudiante en la ENAP [1]. Desde entonces, me apasioné por la arcilla. Pronto me percaté que este material requiere, además de maestría técnica, el entender que el PROCESO de construir y levantar mis esculturas es parte fundamental de mi obra. El trabajar en una pieza implica el pensarla y repensarla; la conjunción entre los límites del material y mi deseo de articular su desarrollo me permiten evolucionar desde la primera idea hasta la pieza terminada. Pero independientemente de cómo la construya o de qué color pinte una escultura, siempre existirá el factor sorpresa: el azar; ya que el fuego siempre tiene la última palabra.

 

Como artista, el mismo proceso me ha conducido a trabajar con otros medios. Mis esculturas también están hechas de bronce, de madera, de metal, de concreto y hasta de fieltro. A través de estas técnicas he podido abrazar de lo tridimensional a lo bidimensional; con mi práctica gráfica, mi producción se ha enriquecido hacia el dibujo, el textil y el relieve.

 

Mi pasión por la escultura está interconectada por mi fascinación por la ciudad. Nacida en una familia de arquitectos, el espacio naturalmente se convirtió en el elemento más importante de mi vida. Desde niña, aprendí a descubrir que las plazas y edificios no eran entes ajenos a nosotros, sino el escenario flexible que hacía posibles las distintas actividades de la vida diaria. Más tarde, como escultora comprendí que -precisamente- era en la interacción de los espacios y las estructuras donde se forja el espíritu de una sociedad. Cuidar y cultivar este diálogo vital entre espacios abiertos y lugares cerrados es una responsabilidad no sólo artística sino humana para lograr construir sociedades sanas.

 

[1] Escuela Nacional de Artes Plásticas.

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